Presupuesto español: recordemos las reglas

Presupuesto español: recordemos las reglas

La opinión de la Comisión Europea sobre el proyecto de presupuesto español sigue haciendo correr ríos de tinta, sobre todo en la prensa nacional. El debate levanta pasiones en un contexto pre-electoral. Es normal. Sin embargo debe ser objetivo y racional. Quiero por tanto recordar brevemente el proceso y la metodología que ha llevado a la opinión de la Comisión, lejos de puestas en entredicho personales o políticas.

Empecemos de manera pedagógica con algunos elementos sobre el procedimiento. Según la legislación europea, los estados miembros de la zona euro tienen que enviar a la Comisión Europea antes del 15 de Octubre sus proyectos de presupuesto para el año siguiente. La Comisión emite una opinión sobre cada uno de ellos. En el caso español, Madrid decidió enviar su presupuesto antes – el 11 de septiembre. La Comisión, en este caso Valdis Dombrovskis y yo mismo, aceptó ya en julio la solicitud de las autoridades españolas de emitir su opinión con antelación para que ésta pudiera ser tenida en cuenta durante el debate presupuestario. Hemos dado por tanto muestras de flexibilidad con el gobierno español para permitirle aprobar el presupuesto para el 2016 antes de las elecciones.

Primer punto: las cifras. Seamos precisos. Las cifras presupuestarias que aparecen en la opinión emitida por la Comisión la semana pasada se derivan directamente de las cifras más recientes proporcionadas por las autoridades españolas y de las previsiones económicas realizadas de manera independiente por los servicios de la Comisión.

Segundo punto: su presentación. Seamos claros. Los elementos que yo presenté el 5 de octubre en el Eurogrupo y en la conferencia de prensa que tuvo lugar después no han tomado a nadie por sorpresa: ¡todos los actores implicados los conocían perfectamente! Las autoridades españolas conocían los elementos más importantes de la opinión de la Comisión – yo mismo informé personalmente al Ministro de Guindos el jueves anterior al Eurogrupo. Mis colegas del Colegio de Comisarios también los conocían, ya que el texto de la opinión había sido distribuido a todos antes del Eurogrupo. Yo había incluso hablado de ello en detalle con Wolfgang Schäuble durante mi viaje a Berlín la semana anterior. En resumen, la obligación de transparencia y el principio de colegialidad fueron respetados.

Atengámonos a los hechos. Fueron las autoridades españolas las que decidieron presentar el proyecto presupuestario antes del 15 de octubre. ¡No fue la Comisión la que se lo solicitó! La opinión fue emitida por el Colegio de Comisarios en su conjunto – con todo su abanico de tonalidades políticas – y no únicamente por mí. Y entre lo que yo dije el lunes 5 de octubre después del Eurogrupo y lo que dije el 12 de octubre en la sala de prensa del Berlaymont, el análisis de la Comisión sobre el proyecto de presupuesto español no cambió.

Que cada uno saque sus propias conclusiones. Por mi parte no quiero dejar que continúe una especie de falso proceso o caza de brujas – en el que se me presentaría como un Comisario parcial y partidista, un socialista que busca interferir en la campaña electoral española en favor de sus camaradas del PSOE, y poniendo en dificultades al gobierno conservador del PP.

¡Eso no tiene ningún sentido! En este asunto, como en cualquier otro, he actuado en nombre del interés general europeo y con una sola brújula – las reglas que marcan los tratados – y con independencia del tinte político de los gobiernos de los países en cuestión. Mi actitud no tiene ningún carácter personal; la opinión sobre España es la del Colegio en su totalidad. No tiene nada de subjetiva ni de ideológica y se deriva de los textos legales en vigor aplicables a todos. Se basa en un análisis profundo, independiente y preciso de las cifras, y que servirá posteriormente para un diálogo constructivo con el futuro gobierno español que será elegido tras las próximas elecciones.

Algunos han querido tal vez politizar este asunto: no ha sido mi caso. Y no puedo aceptar que se me instrumentalice en este debate. Porque más allá de mi persona, afecta a la credibilidad de la institución a la que pertenezco, la Comisión Europea, y al respeto de nuestras reglas comunes. Y sobre ellas no puede haber ni sospecha, ni búsqueda de chivo expiatorio. Colegialidad, respeto de las reglas, flexibilidad inteligente y verdad en los hechos: eso es lo que he respetado en el caso español y lo que respetaré durante todo mi mandato, sea cual sea el país del que se trate y la opción política que en él prevalezca. Y hago un llamamiento para que cada uno dé muestras de la misma serenidad y objetividad.